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lunes, 24 de diciembre de 2007

Feliz nacimiento, Emmanuel

boomp3.com

Me encontraba de camino a casa. Ya era tarde, la gripe pudo empeorar si no fuera por el anís que tomé antes de llegar. De pronto, en calles usualmente oscuras puedo ver un espectáculo de luces ubicuas rodeándome. Dorados, colores entre verde y rojo, algunas colocadas cadenciosamente (en escaleras, por ejemplo) y otras, con el mismo afán pero con menos presupuesto imagino, humildemente figurando un trineo o una estrella en alguna mampara o ventana. De pronto, uno que otro estallido provocado por los felices niños que disfrutan tanto sus palomilladas antes de la noche buena, pues ésta indica, recién, el inicio estruendoso de los cohetones, misiles y luces de bengala. Un personaje extraño en todo el año, pero familiar por estos días adorna fachadas y bazares con su copiosa barba y peculiar traje rojiblanco que bien podría pasar por un atuendo peruano. Recuerdo haber visto a uno trepando una pared con un gran saco en la espalda; imagino que la familia de dicha casa no temía la irrupción de aquel hombre.

Se hornean pavos, hacen notar orgullosas ciertas panaderías. La caseta del vigilante del barrio curiosamente adornada por alguna vecina empalagosa que no solo mantiene, sino contagia el “espíritu navideño” al que se le cruce. Señores de rostro hosco, como nunca sonríen por la popular “grati” que reciben porque la fecha lo amerita. Centros comerciales repletos. Edificios de panetones. Policías de transito alienados con un sombrero papanoelesco. Villancicos resuenan en casa de los vecinos más “antiguos” de la cuadra. Uno que otro nostálgico. Cadenas navideñas en los correos. Y, bueno, un sujeto que escribe en un blog porque algo más que una festividad lo motiva a hacerlo.

Hace más de dos mil años (e, incluso, mucho menos), no existían tantas representaciones para un evento, lamentablemente, tan comercializado como ahora. Ni era, para nada, tan esperado. Es más, imagino que ese día, el nacimiento de un niño que representamos un 25 de diciembre, la mayoría holgazaneaba o luchaba para pagar los impuestos a un imperio que dominaba al pueblo de Dios. Sólo hubieron pequeños rumores entre la gente que esperaba a un Mesías. Pero eran rumores lejanísimos, puesto que, cómo iba a nacer el Salvador del universo en tiempos tan trágicos como los del dominio romano. En una Jerusalén libre, en un esplendoroso castillo habría de nacer dicho Rey. Nadie imaginaba que justo hace nueve meses, el Espíritu de Dios descendía del cielo en una muchachita y le haría concebir a uno a quien llamaría JESÚS, que significa Salvador.

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre EMMANUEL (Isaías 7:14)”.

Emmanuel, es Dios con nosotros. Finalmente, Dios mismo descendía de lo alto para caminar entre nosotros. Su historia celestial se interrumpió por amor. El Rey de reyes nació en el lugar menos imaginado –por no decir, menos merecido- y nos mostró humildad desde el inicio. Los ángeles, desde lo alto, cantaron alabanzas y se regocijaron en Dios, pues este mostraba Su incomprensible amor hacia la humanidad en un pequeño pesebre. En el tiempo menos pensado, nació Jesús. En un día que hoy llamamos navidad, nació Dios.

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad (Juan 1:14)”.

Santo, Santo, Santo Dios.
Gracias por enviar un día como hoy a Jesucristo.
El más precioso de los hombres que cambió el rumbo del mundo.
Hosanna, al cordero de Dios que vence al mundo y destruye las tinieblas.
Nombre sobre todo nombre, brazos eternos, precioso Jesús.
Este día es para ti y para nadie más. Tú que mereces todo y que das todo.
Poderoso Señor, así como esperamos tu venida, recordamos tu nacimiento que nos dio vida.

Los quiero mucho a todos. Recordemos a Jesús. Si bien es un tiempo de amistad, unión y amor, en esta fecha reflexionemos y agradezcamos a Dios por todas las bendiciones que derrama todos los días sobre nuestras vidas. Por supuesto, no solo hoy, sino siempre. Jesús vive, y vive en nosotros. Celebremos, pues, el nacimiento de Emmanuel. Feliz navidad.

*Versión en castellano de la canción en YouTube.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Fortaleza

boomp3.com

Un encuentro con el Dios vivo es lo más maravilloso que existe. Crea en nosotros un gozo perfecto, verdadera paz, absoluta dependencia, seguridad, etc. y uno de los efectos más asombrosos, sobre todo si se está empezando a conocer de manera directa a Dios a través de la guía de Su Espíritu, es el cuidado y cariño insuperable de un Padre hacia su hijo favorito.

"Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios (1 Juan 3:1)".

Me parece que depende de uno creerse estas palabras; es decir, hermanos, si hemos recibido la adopción, por medio de Jesús, de hijos, pues por qué no aprovecharla. Sabemos que vivir en Cristo es por la fe. Entonces, hijo de Dios, cree, levántate y pelea. Dios es un Dios de Amor (1 Juan 4:10), la biblia lo repite muchas veces, además, una conexión genuina con Dios es una constante y eterna (de parte de Él) muestra de amor hacia nosotros, sus hijos. Dios es un Dios de iniciativas. Él viene hacia nosotros siempre que estemos dispuestos a recibir Su abrazo. Por lo menos, así es como me siento desde que me reencontré con mi Señor.

"No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo (Isaías 41:10)".

Los brazos del Señor son eternos, nosotros no; lamentablemente, le fallamos. Cuando mi decisión tomó forma de palabras, puedo recordar qué le dije al Señor: No importa lo que suceda, no voy a volver atrás. Resulta posible esa clase de promesa. No pecar resulta, simplemente, imposible. Pues no hay justo en la tierra. A la par, pude percibir que Dios sonreía y me decía: Esa promesa es mía. Yo te ayudaré. Jamás has estado solo y jamás lo estarás (Josue 1:9). Mi vivir en Cristo resultó muy difícil para entonces. Es decir, tanto tiempo alejado de Él causa una suerte de rutina. Una rutina de pecado. Pero esta vez, Dios mismo hizo el cambio. Y me lo confirma todos los días. Además, como me dijo amorosamente un gran amigo, por teléfono, al notarme apocado, mayor es el que está en ti, que el que está en el mundo. Y pues, definitivamente, en nuestras fuerzas poco o nada podemos hacer. Realmente, resulta absurdo intentarlo cuando la obra ya fue hecha en la cruz del calvario por Jesucristo, nuestro salvador. Todo se puede en Él.

"Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:13)".

Y esa bendita palabra: Fortaleza, crea en nosotros esperanza y victoria. En tiempos de pruebas, para animarme y restaurarme (la palabra de Dios tiene el poder para hacerlo) suelo recurrir a un salmo que, hasta ahora, considero favorito, en donde David, con hermosos versos, declara el poder, la majestuosidad, la fortaleza de Dios para con su vida. Es totalmente precioso encontrarte con el León rugiente que pelea tus batallas y, al mismo tiempo, con el Padre amoroso que te abraza delicadamente, en el salmo 27. Añadiré algunos versos que competen a lo que quiero expresar ahora, pues el Salmo, desmembrado, es todo un universo de promesas para los fieles en Jehová. Decláralo, el Señor está pendiente de ti.

(Salmos 27:1)
Jehová es mi luz y mi salvación;
¿de quién temeré?
Jehová es la fortaleza de mi vida;
¿de quién he de atemorizarme?

(Salmos 27:3)
Aunque un ejército acampe contra mí.
No temerá mi corazón;
aunque contra mí se levante guerra,
yo estaré confiado.

Si he logrado sobrevivir, en realidad por primera vez vivir, en esta lucha constante ha sido por Jehová, mi Dios. Gracias, Papá, por fortalecerme.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Nada importa...

Cuán difícil es ser embajador de Cristo. Lo sé, es fabuloso habitar en Su presencia. Su amor, Su perdón, Su gracia, Su espíritu… ahí debería terminar todo ¿no? Pero no es así. Los problemas vienen, las acusaciones zumban en nuestra mente, el pasado condena sin piedad, la vida simplemente es imperfecta.

“Como el ciervo brama por las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía (Salmos 42:1)”.

Es así como me sentía un día. Abandonado, condenado por el enemigo, muerto. Llegaba a la universidad, sin ánimos, huyendo de mi Señor, tenía miedo encararlo y decirle que lo amo. Perdóname, perdóname, mi corazón imploraba. Sentí Su voz decirme ‘búscame’. Tengo examen, más tarde, dije sollozando. El examen, gracias a Dios y lecturas madrugadoras, estuvo bueno. Salí antes de tiempo. Sentí en mi corazón hambre de mi Señor. Te quiero ver, papá.

“Porque Dios ha dicho: Nunca te dejaré, jamás te abandonaré (Hebreos 13:5)”.

Le creí. Recuerdo que una amiga me dijo que si ‘todo fuera fácil, estaríamos en el cielo’. Estuve mucho tiempo en tregua, con ciertas invasiones, pero todo controlable. Mis armas se oxidaban y yo seguía envuelto en el manto de la gracia. Tocaba batallar y me dio flojera (para variar). Me vi débil, desgastado. Abatido. Busqué un lugar propicio para encontrarme con mi Señor, pues mi corazón estallaba y no podía esperar a llegar a casa. ¡Qué difícil tarea encontrar un lugar a solas en la uni! Seguía buscando, era tarde, todos iban a casa a calentarse. Y no encontraba un lugar. Busqué en el último piso de Z, esta vez había un grupo de jóvenes fumando. Rayos.

‘¡No renuncié al mundo para esto! Te necesito y voy a buscarte, no importa cuánto me cueste’, dije confiando en mis palabras porque mi mente anhelaba mandar todo a volar y volver a mis andanzas supuestamente felices pero completamente vacías. Encontré un lugar. Me senté y con un frío asesino empecé a orar, a buscar a Dios. Me di cuenta de que lo que, en mi humanidad, planeo no está a la altura de los pensamientos de Dios. Que mis faltas no están a la altura de Su misericordia. Que mis problemas no están a la altura de Su gracia. Empecé a rogarle Su perdón y Su abrazo. El Señor me restauró, fueron minutos impresionantes. No les cuento todo pues es inefable y de hecho que muchos de ustedes lo saben. Reconocí que no soy nadie sin Él. Que Su fidelidad es lo mas encomiable en el mundo. Que nada importa… si no estamos con Él

Nada te podrá separar del amor de Cristo, tenlo por seguro. Recuerda la oración del Maestro para nosotros antes de Su muerte. Me ayudó (y ayuda) mucho en tiempos de aflicción. Jesús le dijo a Su padre:
“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal (Juan 17:15)”

No somos del mundo, es nuestro campo de batalla. Y Jesús es el Rey por quien batallamos.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Testimonio: Pablo Olivares

Les invito a ser testigos del amor del Señor en la vida de sus hijos. La historia que aparece en estos dos videos (continuados) es la de un ex-metalero, quien hizo un pacto con el diablo y fue rescatado por la gracia del Señor Jesucristo. Disfruten de uno de los milagros del Señor.





Jesus dijo: "Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas (Juan 12:46)".

martes, 30 de octubre de 2007

The fellowship of the cross

Me parece oportuno agradecer a muchas personas que, estratégica y amorosamente, el Padre Celestial ha puesto en mi vida. Estoy seguro que Su amor se manifiesta en ellos de manera impresionante. En mi debilidad, en mis horas de lucha, en tribulaciones, lo sé, tengo al mejor aliado en el campo de batalla y peleo por Él y a Su lado. Siento a Jesús dando la estocada final al enemigo pues cargo la bandera carmesí que representa la victoria eterna de mi Señor en la cruz. Pero, a veces, cuando me siento peón o escudero, necesito de mis finos caballeros andantes (en realidad, siempre los encuentro ahí). Estos caballeros de élite, se transforman en el bastón que mi cuerpo y mi desgastada armadura necesitan. Dios me empuja a Su obra a través ellos.

Valientes. Amantes de la verdad. Ángeles del Señor. Así son mis amigos. Nobles en batalla, simples en abrazos y comprensión. Son los bandidos de sonrisas. En hambrunas los encuentro y en fiestas celestiales ahí están. Batallando en oraciones. Grandes danzantes del Señor. Saben que cuentan conmigo, aunque mi humilde ayuda se base en el empujoncito hacia Dios, así como me empujaron a mí. Bellos hermanos. Hijos de Dios. Cuando estoy con nuevas armaduras y armas que Dios forja en gracia saben que los puedo llevar de la mano. Los amo. Dios los cruzó en mi camino para amarlos. Aunque aritméticamente sean pocos, ellos me bastan para vencer al enemigo y sus millones de ingenuos atacantes.

Todos perfectos, todos glorificados en Jesús. Libres del mal, santificados en la verdad. Si hay algo de lo que puedo jactarme es de mis amigos. Tengo a los mejores. Me alegran el día con Palabra de Dios, con consuelo espiritual, con incansables oraciones, con sonrisas desinteresadas, con reprensiones, con miradas honestas, con su testimonio, con el hecho de que se acerquen a Dios. Me doy por ellos y ellos por mí. Nadie como ellos se tomaron en serio las palabras del Maestro: “Que os améis unos a otros, como yo [, Jesús,] os he amado (Juan 15:12)”. Disfruto de su compañía y camaradería. Confío en ellos y ellos en mí. La sinceridad es real en esa comunión. Y… en ocasiones, medito: ¡cuánto me aguantan éstos!

“Mejores son dos que uno: porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! … y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto (Eclesiastés 4:9-12)”.

Dios me abraza con su abrazo. Dios me habla con sus labios. Príncipes, luces andantes. Como un padre espiritual me acoge y abraza, como soporte y tréboles de amor me habla. Con luz de miradas, con paciencia y consistencia me busca los dulces domingos. Con el armamento barroco de una medieval guerrera espiritual me bendice con versos del Señor. Con el testimonio del amor divino, me ayuda a seguir corriendo. Con la pasión infantil y humildad me escucha hablar del Padre, y me apasiona más por Él. Bendición de Dios, cuando olvidé a mi Señor, mi tierno acompañante. Me pierdo nuevamente en los favores de mi Padre del cielo, esta vez al hablar de mis amigos. No hay temor en perderlos, porque primero pierdo yo antes que ellos. “El ungüento y el perfume alegran el corazón y el cordial consejo del amigo al hombre (Proverbios 27:9).”

Gracias mis benditos amigos, y mil gracias, Padre, por éstos. No duden en buscar al sirviente de Dios, los acogeré en gratitud y bondad, y, sobre todo, en el amor del Señor así como ustedes lo hacen. Los amo. Es hora de batallar, al parecer. Afilen armas, sigamos la victoria, mi ejército.

“Si los sirios pudieren más que yo, tú me ayudarás; y si los hijos de Amón pudieren más que tú, yo te daré ayuda. Esfuérzate y esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciudades de nuestro Dios; y haga Jehová lo que bien le pareciere (2 Samuel 10:11,12)”

domingo, 21 de octubre de 2007

¿La muerte?

Al decidir seguir a Cristo, morir a uno mismo y vivir en Él, la persona trasciende a niveles inimaginables. Quizás, a veces, imperceptibles por uno mismo. Como pude decirle a una amiga: El recibir a Jesús y experimentar Su amor no es el fin de todo (aunque, en ciertas ocasiones parezca así, pues en el deleite de la salvación percibimos una paz totalmente indescriptible), es el inicio de una vida de bendiciones, una vida con Él.

Quizás, en ciertos momentos, se pueda dudar del amor del cual fuimos protagonistas y todo por una "cualidad" (siendo condescendiente con el término) que, a pesar de abstracta, nos acompaña todo el tiempo: el pecado. Y en una concepción casi fulminante que la Palabra de Dios nos da acerca de éste, podemos entristecer, "... la paga del pecado es muerte (Rom. 6:23)". ¡Qué tenebroso suena eso! La muerte. Cómo escapar de la muerte, en la que hemos vivido siempre, cómo ser libre, cómo puedo librarme de todo eso. Tú no puedes, yo no puedo, nadie puede librarse por sí solo. Ya existió la obra perfecta de libertad. Ya existió la muestra de amor más grande, acaso increíble en este mundo. Es cierto, te sientes amado, pero sin la cruz simplemente nada tendría sentido. "Mas Dios muestra Su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Rom. 5:8)".

La sangre de Jesús es prueba de que eres amado. ¿Y con respecto a la "muerte"? Jesús, con aires didácticos y pedagógicos como el gran Maestro que es, nos dice: "El que oye mi palabra, ...(Juan 5:24A)", con esto hace referencia a la palabra que sólo encontramos en la Biblia (único documento que certifica a Jesús), además nos menciona luego: "que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte (Juan 8:51)". No creo que haya palabra más clara. La muerte se vuelva nada con Él, sigamos...

"...y cree al que me envió... (Juan 5:24B)", es decir, la obra del Padre, de conocer a Jesús. ¿Qué significa creerle a Dios? Dijo Jesús: "...y el Padre que me envió da testimonio de mí (Juan 8:18)" para luego decir "...si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais (Juan 8:19)". La obra de Dios es que creamos en quien Él a enviado: Jesús (Juan 6:29), para luego disfrutar de Su promesa...

"...tiene vida eterna;... (Juan 5:24C)", basándonos en la autoridad de Su palabra, podemos confiar que tenemos vida eterna, salvación. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a u Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas enga vida eterna (Juan 3:16)", repita con firmeza, como un hijo de Dios estas palabras y créalo con todo su corazón, continuemos...

"... y no vendrá a condenación,... (Juan 5:24D)", con esto el Señor nos hace una de las mejores promesas y de las que como cristiano, personalmente, disfruto mucho. Nos libra de todo mal, como al decirle a la mujer adultera, que encontró la sanidad de Jesús, a pesar de su "estado" -en nuestro mundo- totalmente condenable, "Ni yo te condeno [mi amada]; vete, y no peques más (Juan 8:11)". Porque además, "no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Juan 3:17)". ¿Algo más?, claro, con Dios nada se agota...

"...mas ha pasado de muerte a vida (Juan 5:24E)", ¿Y la muerte? Pues cómo podriamos, amado hermano(a), vivir en la muerte si Jesús, la vida, nos ha restaurado. Nos ha amado. ¿Cómo no amarle? El amor, es el don perfecto de Dios. Muchas veces me preguntan, por qué los cristianos no toman o fuman, o por qué, simplemente, te cohibes de hacer mil cosas que causan placer. No sé responder (a pesar de que todos sus mandamientos se encuentran perfectamente descritas en Su palabra). Pienso, digo "porque Lo amo". Si Dios me ha librado de la muerte ¿por qué no he de hacerle caso? Creer en Jesús es vivir.

Repasando el abecedario que me ha sido necesario crear, en conjunto ahora, en Juan 5:24, nos dice Jesús: "De cierto de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida".

Recuerde, no mire su propia debilidad, ponga la confianza en Dios, sólo Él pude ayudarle, porque "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo [pecador], mas vive Cristo en mí (Galatas 2:20)".

martes, 16 de octubre de 2007

Nunca estarás solo(a)

Cuando me invade la culpabilidad y mi mente contradice a mi corazón, pues la muerte atraviesa paseando por mis ojos. Cuando me seduce el mundo que he dejado atrás y Tu sangre se convierte en mi alfombra. Cuando no resisto la vergüenza. Es ahí, que mis labios mencionan Tu nombre, con miedo, con tristeza, con derrota en los titulares.

Cuando la restauración se asemeja a espejismos lejanos. Cuando Tu voz santa calla forzosamente en derrota por mis oídos. Cuando no he logrado vencer porque olvidé mi ejército completo y la causa de mi pelea. Es ahí, cuando me siento insignificante, derrotado, solo y no merecedor del apellido que me has otorgado.

Cuando enloquece mi vida porque no he representado mi herencia. Cuando no logro levantar la mirada porque está débil como mi cuerpo tullido, trémulo de frío. Cuando quiero morir de nuevo y volver a Getsemaní a ver Tu amor. Es ahí, cuando Tu voz seduce mis ánimos.

Cuando no resisto el silencio de mi entorno. Cuando he perdido el control de mi vida y quiero depender y vivir de ti. Cuando siento Tu mirada sin condenación alguna, con el amor tatuado. Es ahí, cuando mi corazón te reconoce y no se cansa de verte.

Cuando necesito Tu perdón, Tu abrazo, Tu canción. Cuando miro al vacío y ahí te encuentro. Cuando la tempestad me empuja a Tu refugio. Es ahí, que me sorprende Tu incomprensible amor.

Cuando mis vidrios comprometen mi alma. Cuando renuncio a mi existencia. Cuando no quiero pasar un segundo sin Tu presencia. Es ahí, que reconozco y canto Tu amor.

Cuando no puedo encontrar otro lugar mejor, es ahí, en donde quiero morar.

De pronto, nace nuevamente Tu promesa, Tu paciencia y Tu ternura, diciéndome: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; […], estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé (Josué 1:5)”.

Y yo respondo: Papá, te amo.

martes, 9 de octubre de 2007

La cercanía de Dios (Juan 9)

El hombre más hermoso del mundo, la vida andante, la buena nueva personificada, andaba con doce neófitos hambrientos de pasión por Él. Al estar Jesús caminando, de pronto, ve a un ciego de nacimiento. Los seres humanos, todos, nacemos ciegos. La condición de ciego la tenemos porque, al pecar Adán, "la muerte pasó a todos los hombres (Rom 5:12)". Esa ceguera nos aleja del Padre, pues esclavos del pecado fuimos; sin embargo, la justicia y la gracia de Jesucristo nos devuelve la vida. Esa noticia, ese pacto del Dios vivo, debe ser real en nuestras vidas. Además de saberlo, y tenerlo en mente, debemos vivirlo "Porque en cuanto (Jesús) murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuando vive, para Dios vive (Rom 6:10)". El punto es que, este ciego, aún no había "visto" a Jesús morir.

"¿Quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? (Juan 9:2)". Fue la precoz e inocente pregunta de sus discípulos. Definitivamente, era culpa de alguien ¿no? Cualquiera, en sus cabales, no podría afirmar que no hubo algún pecado para esa maldición. ¿Has pecado, como para ser ciego desde... siempre? ¿Acaso cometiste alguna falta en el vientre de tu madre, para pagarlo en menos de nueve meses? Jesús contestó: "No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él (Juan 9:3)". Eso te dice Jesús. Las obras de Dios, mi Padre, se manifestarán en ti. Anteriormente, Jesús había dicho "Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado (Juan 6:29)". El ciego estaba a punto de encontrarse con el propósito del mismo Dios, por medio de Jesús. Igual con nosotros, a pesar de ciegos, tenemos la obra de Dios como fin. Un encuentro con el Padre.

Jesús dijo: "El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida (Juan 5:24)". Nótese que se refiere a lo mismo, cuando menciona la obra de Dios. Ese es el milagro que quiere Dios para tu vida. Luego, Jesús escupió en tierra, hizo lodo con la saliva y la untó sobre los ojos del ciego; le dijo: ve a lavarte, éste lo hizo, y regresó viendo. Así, somos nosotros sanados y abrimos los ojos cuando recibimos a Cristo. Pero luego, viene la confrontación...

Hubo -luego de que los fariseos preguntarán al ciego quién le había sanado y cómo lo había hecho, y éste contestara que Jesús lo sanó- disensión, entre quienes creían que Jesús era "el Profeta" y los fariseos, quienes decían "ese hombre no proviene de Dios (Juan 9:16)". A tal punto llegó esa incredulidad que acudieron a los padres del ciego a preguntarles si realmente era ciego, les preguntaron cómo puede ver ahora. Sus padres dijeron: "Edad tiene, preguntádle a él (Juan 9:23)". Esta respuesta se debía al temor que sentían sus padres, porque "los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga (Juan 9:22)". Esta respuesta, sin embargo, es la prueba que Dios demanda luego de darnos vida. ¿Qué tanta "edad" tenemos para declarar a nuestro Sanador, a nuestro Salvador?

¿Cómo te abrió los ojos? "Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír (Juan 9:27)" Los fariseos, de inmediato le injuriaron diciéndole: "Nosotros somos discípulos de Moises (no de Jesús). Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése (Jesús), no sabemos de dónde sea. (Juan 9:28,29)" Al mencionar esto, ellos habían mecanizado la palabra de Dios, no estuvieron atentos a las profecías que anunciaban que vendría un Mesías a salvar a la humanidad. Y lo peor de todo, habían hecho de Dios una religión. No podían ver. Vivían en la Casa de Dios, pero no habitaban con Él. Se ocultaban en sus conocimientos de Dios, cuando estaba ciegos del Dios verdadero. No conocían al Dios verdadero, pues no habían creído en Jesús, su hijo. No pudieron dejarse amar.

Respondió quien había sido ciego "Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepaís de dónde sea, y a mí me abrió los ojos [...] si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye [...] no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego (Juan 9:30-32)". Finalmente, en su convicción declaró, firme y valiente, ante la autoridad del lugar, ante los "voceros" de Dios, "Si éste (Jesús) no viniera de Dios, nada podría hacer (Juan 9:33)". ¿Es así de fuerte nuestra fe, que en medio de la angustia, de la presión, de un lugar con enemigos que están sólo para hacerte caer, podamos declarar con firmeza que creemos en el Dios verdadero? El hombre lo hizo, pues supo que Jesús era el Salvador. Creyó, a pesar de las palabras de los sacerdotes y sus amenazas y condenación. Vivió el regalo de Dios. No sólo sus ojos físicos fueron abiertos, sino su "alma", fue capaz de reconocer a Jesus como Dios.

Lo condenaron de nuevo, lo expulsaron, le dijeron: "Tú naciste del todo en pecado ¿y nos enseñas a nosotros? (Juan 9:34)". Ni la condenación, ni la soberbia, ni la expulsión de los fariseos pudo contra la felicidad que vivía ese hombre. Pues el que ve a Dios, cambia totalmente. Consiguió la victoria.

Jesús, al saber que le habían expulsado, lo buscó y le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Le respondió él y dijo: ¿Quién es? Jesús le dijo: Yo soy. "Y él dijo: Creo Señor...(Juan 9:38A)". Jesús mismo lo confrontó luego y el hombre creyó. En ese momento, ya se había encontrado con el Padre. Jesús dijo "Si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais (Juan 8:19)". En ese momento, me imagino que el hombre era el más feliz del mundo; en ese día había encontrado la sanidad, el sentido a su vida, había encontrado al Salvador del mundo y conocía a Dios, aún sin saber las leyes de las que se jactaban los sacerdotes judíos.

"... y le adoró (Juan 9:38B)". No podía callar lo maravilloso de su día. De su encuentro con Jesús. Le adoro al ser más amado. Le adoró por amarlo. Consiguió la felicidad. Finalmente, Jesús dijo: "Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que (supuestamente) ven, sean cegados (Juan 9:39)".

Dios quiere encontrarse con nosotros. Abre tus ojos a la luz de Cristo. Deja la ceguera, así como el hombre que fue creado para que se manifieste en él la obra de Dios. Así, Dios tiene un propósito para nuestras vidas. Reconoce que Jesús es tu Salvador. A Jesús no le importó si el hombre conocía del Padre superficialmente como los fariseos. Jesús cumplió su propósito en esa vida, porque el hombre creyó. Y creyó maravillado, no a medias. Adoró a Dios, pues ya lo conocía y podía hacerlo con libertad. Dios viene por los humildes de corazón, para que los que no ven, vean. Sólo en transparencia, luego de creer en Jesucristo, podrás encontrarte con el Padre. Y es totalmente maravilloso.

Bendiciones.

viernes, 5 de octubre de 2007

A toda criatura

Cuando me encontraba hablando con un buen amigo sobre la bondad del Señor en nuestras vidas, logré percibir una sensación totalmente extraña. En una fotografía de toma aérea, nos vi hablando, y me vi, en cierto modo, convenciendo (o tratando de hacerlo). Por supuesto, cualquiera podría mencionar que dicha persuasión era totalmente, digamos, sana. Pero, muchos, perciben el cuadro de una manera distinta. Un fanatismo como panel de la foto.

Sentí, en mi corazón decirle que no hablo por mí mismo, ni para favorecerme. No hablo de una credencial, ni le explico las condiciones de membresía. Definitivamente, no quiero hacerlo ser parte de una institución. En otras palabras: No quiero que seas de mi religión. Entonces, ¿cuál era mi intención?

Logré rescatar, gracias a Dios, aquello que atizaba esa motivación por hablar de Jesús. Era fácil, era sencillo, era Él. Mencioné a mi amigo que lo quería mucho, y me dije a mí mismo, pero amo más a Dios. E, incluso, gracias a Él, puedo amarlo. Recordé entonces este pasaje: "...amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios [...] Porque Dios es amor (1era Juan 4:7)". Me di cuenta de que si amaba a alguien, ahora lo amo más, porque soy de Dios. Y si hablo de Cristo es porque quiero que mis amigos conozcan la verdadera vida, y, por supuesto, porque amo a Dios y creo en Su palabra. Y le agradezco por prestarme tan buenos amigos -y familia-, porque ellos son (o serán) de Él.

Juan el bautista, anticipó ese hambre que tengo por hablar y no callar su gracia: "El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz (Juan 3:33)". Los cristianos creemos firmemente que "...no puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo (Juan 3:27)". Nosotros, los hijos de Dios, no podemos callar su bondad y su favor. Dios pone palabras en nuestra boca. Incluso, este blog, mantiene esa motivación. Definitivamente, no lo hago en mis fuerzas porque no duraría ni un segundo. Lo hago por y para Él.

"Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable (1era Pedro 2:9)". Amigos, hermanos, amados, les animo a cumplir esta preciosa promesa. Si no lo hacemos, entonces quién lo hará. También poseemos un arma poderosa para nuestros seres queridos: la oración, a medida que intercedamos por otras personas, Dios nos da más compasión.

Dios nos llama a anunciar sus virtudes a toda criatura. Empecemos por quienes más amamos. Lo hacemos para Él, para Su gloria.

martes, 2 de octubre de 2007

Si mi corazón hablara

Hace un par de semanas asistí a un recital de piano, en el que una muy buena amiga iba a cantar -obviamente, éste no era sólo instrumental- que tenía por tema "Canciones del recuerdo" (o algo así). Cumplió su cometido; me vi envuelto en evocaciones momentáneas, algunas gratas, otras no tanto. Y es que a mi manera, un amigo, en todo camino y jornada está siempre conmigo, etc. El recital estuvo bueno, fue complementado con ciertas "sorpresas", a mi parecer, predecibles (menos el mimo, que quedamente y, con brusquedad, animó el intermedio del recital) pero peculiares. Entre las peculiaridades se encontraba mi amiga, quien cantó con su primo las composiciones de este. Las butacas flotaron en un facsímil bien realizado, bajos y altos combinados, canciones como "Cómo no creer en Dios", el tributo a Luciano con su "O sole mio" eterno, etc.

Logré rescatar, entre las canciones, una , mejor dicho, un título: "Si mi/el corazón hablara". Al instante empecé a viajar entre frases rasas, verosímiles, totalmente sustraídas de mi corazón. Con un diálogo desordenado, comenzó la construcción de mi identidad, de un gozo. ¿Qué le diría mi corazón a Jesús si tuviera la capacidad de expresarse?

- Si mi corazón hablara te diría que eres la vida que siempre he querido llevar.

- Si mi corazón hablara te diría que te amo tanto que la capacidad humana de amar no encuentra sentido en palabras.

- Si mi corazón hablara te diría que tu refugio en momentos tristes, difíciles y de tormenta, llena mi vida.

- Si mi corazón hablara te diría que eres la fortaleza que me protege de todo mal y me salva de mil peligros.

- Si mi corazón hablara te diría que no quiero despertar nunca de tu realidad, que eres más real que yo.

- Si mi corazón hablara te diría que te quiero alegrar y agradar todos los días y que tengas complacencia en mí.

- Si mi corazón hablara te diría que me haces jugar con la ternura de un padre original.

- Si mi corazón hablara te diría que eres mi alimento diario, que muero si paso un día sin ti.

- Si mi corazón hablara te diría que te quiero conocer más y más, y que tu presencia me acompañe siempre.

- Si mi corazón hablara te diría que tu sangre fue el regalo más precioso que he recibido, que no tiene precio.

- Si mi corazón hablara te diría que no entiendo tu amor, pero quiero seguir siendo amado.

- Si mi corazón hablara te diría que no te merezco, pero mi alma, mi vida, mi espíritu te anhela más que a nada.

- Si mi corazón hablara te diría que me entrego como una ofrenda de amor y te amo más por aceptarme en tu mesa.

- Si mi corazón hablara te diría que de Nazareth salió lo más bello del mundo, que no tienes comparación.

- Si mi corazón hablara te diría que eres mi esperanza, mi pronto auxilio, mi complemento.

- Si mi corazón hablara te diría que no quiero recibir nada que no provenga de ti.

- Si mi corazón hablara te diría que eres santo, poderoso, majestuoso y soy la niña de tu ojos, hijo del mejor padre.

- Si mi corazón hablara te diría que ya no tengo sed, porque por ti corren ríos de agua viva en mi ser.

- Si mi corazón hablara te diría que por ti no tengo condenación, ni hay verguenza en mi ser porque diste tu vida por mí.

- Si mi corazón hablara te diría que no puedo dar un paso en mi vida si no estás conmigo.

- Si mi corazón hablara te diría que toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que eres el Señor.

- Si mi corazón hablara te diría que eres, simplemente, lo mejor que he podido encontrar, que te amo.

Eres mi vida, mi mayor anhelo, en tí las palabras se definen por la inexpresividad. Tu amor es inefable y fallo en el intento de describir lo que siento por ti. Te amo mi Señor.

"Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8:12)".


jueves, 27 de septiembre de 2007

Hijos de Dios

En su ministerio, Jesús nos instruyó de mil maneras, su propósito fue cumplir la voluntad de Dios Padre: "que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna... (Juan 6:40)", Jesus mismo dijo que su comida fue (y es) que se haga la voluntad del que Le envió. Sin embargo, hay posibilidades de interpretación -según muchos estudiosos de la Palabra, o teólogos- en donde caben mil posibilidades del verdadero mensaje de Dios.
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Es, en su mayor medida, inimaginable que un padre mande a su hijo a morir por otros. No obstante, es imaginable que Dios lo haya hecho, porque Él no es hombre, Él no piensa como nosotros. Si Dios Padre lo hizo fue para mostrarnos Su gran amor. Para decirte: Te amo tanto que he enviado a mi Hijo para que tú seas libre. En mi búsqueda a Dios, puedo resaltar maravillado que Él me moldea, me instruye, me engríe y me muestra desde los principios más básicos que me ama. No pude evitar alegrarme tanto al leer un versículo, supuestamente trillado (que esuchaba a cada rato), pero completamente sustancial. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3:16)".
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Y para las personas que buscan palabra directa, pues adivinen, Dios la tiene. Lean con atención lo que Jesus dice, "De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna (Juan 6:47)". ¿Debo agregar algo más? o, quizás ¿alguien pueda añadir alguna interpretación? Y otra excelentísima noticia es que, luego de este paso, recibimos la adopción de hijos. Ya somos hijos de Dios si creemos en Jesús y le recibimos en nuestro corazón. ¿No es maravilloso eso? Se dice de Jesús en Juan 1:12,13: "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de volunta de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios". Y como hijos, podemos acercarnos a Su presencia.
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La fe en Jesús resulta en vida eterna desde el momento que uno cree. Si creemos tenemos vida eterna. Él se encuentra llamándote ahora, no le hagas esperar.

domingo, 23 de septiembre de 2007

"Y conocereís la verdad y la verdad os hará libres" (Juan 8:32)


Muchos cuestionan la existencia, la magnificencia, la gracia y la misericordia de Dios pues, lamentablemente, basta con voltear la mirada y observar con angustia la maldad del mundo consumiéndonos en fuerza, en esperanza, en fe. ¿Cómo puede existir un Dios que "ama" al mundo cuando éste se encuentra tan destruido? o quizás, todo esto de un "dios amador" es demasiado bueno para ser cierto.

En la Biblia hay fuerte evidencia de que poseemos un conocimiento innato de Su voz, Su existencia. Sólo préstele atención un instante. Cuestiónese si es feliz. En Romanos 1:18, encontramos las intenciones de cierta gente que impide que se conozca la verdad. Dice: "Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad" o, talvez, Romanos 1:25 aclare lo que sucede justamente en nuestros tiempos, " Ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos". ¿Alguna afirmación le parece familiar? ¿o, talvez, lograron su cometido?

Pero, ¿acaso un libro (la Biblia) contiene la verdad absoluta? Déjeme responderle con otra pregunta, ¿en qué/quién más podemos confiar? Los hombres fallamos, todos, sin excepción, no necesito demostrar eso. En mi torpeza busqué consolación en los hombres y, naturalmente, no la encontré. No lo intenten, se decepcionarán como lo hice yo y seguramente, ya lo habrán hecho. Puedo afirmar que los hombres son imperfectos con otra afirmación: "No hay justo, ni aun uno. (Rom. 3:10)", obviamente, texto encontrado en la Biblia. El apóstol Pedro dijo: "Porque nunca la profecía (la Biblia) fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron inspirados por el Espíritu Santo. (2ª Pedro 1:21)". La Biblia es la palabra de Dios.

No hay por qué dudar del Señor del universo, antes de todo, debemos entregarnos a Él, de esa manera, podemos ser testigos de Su perdón y comprobar, ya no su existencia, sino lo grande de Su amor. Lean la Biblia.

sábado, 22 de septiembre de 2007

Lección de amor

Siento que debo anunciarles el hecho más excelso, el acontecimiento que dio luz a mi vida. Porque, además, soy testimonio del amor del Dios único. Del Dios del universo. De nuestro Creador. Y no puedo callar su gracia. Puede ser tu historia también. Acompáñame en el dulce relato que sacó mi alma del Seol, el cuentito de noche eterno y mi nueva meta.

Las personas que me conocen pueden dar fe de mi insospechada actitud de relajo, de mis sonrisas placenteras acaso perversas, de mi iniciativa por pasar momentos de "alegría", de mi convicción de ser feliz. Los que están más integrados a mí, fueron testigos de mi tristeza emocional oculta bajo el título de 'alter ego'. De mi depresión absoluta y mordaza por falta de amor. De mi inconformismo por la vida que llevaba. Del miedo, del terror con el que me despertaba cada mañana para continuarla en las noches con pesadillas que resultaban más placenteras pues éstas no eran como cada día vivido. De mi búsqueda de la felicidad pretendiendo no ver al único que podía birndármela.

'¡Aquí estoy!': la frase más sublime que pude oír. Fuí partícipe del evento de amor. Estaba sumergido en fangos de muerte, de terror, de odio, de iniquidad. De pronto, cuando no había solución, cuando detestaba seguir con esta muerta vida, cuando los mounstruos habían, quizás, logrado su cometido de mantenerme en la ciénaga consumido en mi propia crapulencia. Logré, con poco esfuerzo, vislumbrar en la bóveda cubierta de niebla, de nubes estentóreas y ponzoñosas, una mano. Una mano amiga. Logré ver vida. Y me di cuenta de que siempre había estado ahí. Esperando. Con ternura infinita.

Desesperado, sin aguntar más un minuto sin Su presencia. Alcé mi débil y tullida mano hacia Él. Y pude saber que a cada instante Él intentaba conquistarme. Que todo lo que he visto, me ha robado una sonrisa o captado por unos segundos mi atención había sido Él, llamándome. Que jamás me dejó de lado. Que olvidé verlo. Sólo, como un niño, me entregué a Él. En ese momento el reloj se detuvo, no existían conocimientos, ni fuerza, no existía el espacio, ni habían sueños. Sólo éramos Él y yo. Su gracia y su perdón me acogieron en forma de un abrazo. Sentí su calor, su presencia en mí.

Fui feliz, fue el mejor momento de mi vida. Soy feliz. Y estoy dispuesto a hacer Su voluntad. No voy a volver atrás, no ahora que pude ver su luz. No hay nadie como Él. Alguien dijo alguna vez: "Gracia es recibir lo que no merecemos. Misericordia es no recibir lo que sí merecemos". Debemos entregarnos a Él para conocer Su gracia. Mi vida ahora Le pertenece. A pesar de haber perdido amigos, de renunciar a cosas que me gustaba hacer, todo vale la pena, créanme, si Él está contigo.

"Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (Rom. 3:23)". Debemos reconocer nuestra condición de pecadores en primer lugar. "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que aun siendo pecadores, Cristo murió por nosotros (Rom. 5:8)". Somos salvos por Él, sólo debemos creer en Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, y ser testigos de su gracia porque "Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1º Juan 1:9)".

Entrégale tu vida a Cristo. Los que me conocen saben que esta decisión no fue tomada a la ligera, lo busqué en la filosofía, en la ciencia, en mil vanas reflexiones; cuando Él estaba a mi puerta. Él te dice: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo (Apoc. 3:20)".

Gracias Dios.


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