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martes, 29 de enero de 2008

Enamorado para siempre

boomp3.com

*Continuación de enamorado para siempre (parte 1).

“Recuerda, por tanto, de dónde has caído y arrepiéntete… (Apocalipsis 2:5a)”.

El alejamiento, o la falta de pasión, tuvieron un proceso largo que fue toscamente devorado por la religión. El escritor y pastor A. W. Tozer dijo: Sea lo que sea que abrace, la verdadera experiencia cristiana debe incluir un encuentro genuino con Dios. Sin eso la religión es como una sombra, una reflexión de la realidad, una copia barata de un original que alguna vez fue disfrutado por alguien de quien hemos escuchado. La religión, simplemente, rompe la conexión con Dios que debe definir a todo cristiano. La religión es una rutina de cristiandad. Ser cristiano es creer, amar y vivir a Jesús. Si has dejado el primer amor, pídele al Espíritu Santo que te muestre dónde y cómo has caído. Si existe la necesidad de reconciliarse con alguien, hazlo. Si hay algún capítulo inconcluso que solucionar, conclúyelo. Recuerdo el día en que estuve en casa con un amigo que recibió a Jesús esa misma noche. Algo que impactó mi vida fue su breve oración al Padre. Jamás escuché palabras más sinceras e inocentes. Sentí la presencia de Dios inundando mi cuarto con aquellos versos. A veces, es necesario eso luego de reconocer nuestra condición espiritual, volver a “recibir a Jesús”, una primera obra. Un Back to the basics, como lo llamo yo. Un nuevo inicio de algo inacabable suena razonable ¿no?

“… y haz las primeras obras (Apocalipsis 2:5b)”.

La decisión es lo más importante en el cambio. Decidir a quitarte la fachada de cristiano delante de Él y decirle que si eres cristiano es por Él. Que Él es la causa del cristianismo, no la consecuencia. Pedirle pasión por Él y buscarlo con todo nuestro corazón (Jeremías 29:13). Sacar la banderita blanca de rendición y proponerte a depender de Él. En ese momento, tu oración sobrepasará el techo de tu cuarto y la atmósfera de la verdadera adoración inundará tu vida (Juan 4:23). El gozo y la paz se convertirán en tu condición eterna (Salmos 16:11). Tendrás la certeza de que Dios está escuchándote, hablándote, caminando a tu lado, abrazándote mientras lees esto. Sabrás que cuando hablas con Él, Él está frente a ti. Te darás cuenta de que quien está a tu lado, es el ser más poderoso y es más real que el monitor frente a ti. Y correrás desesperado a buscarlo, a querer abrazarlo. Porque te decidiste a recuperar a tu primer amor. Recuerda, nada permanece, sólo la gracia de Dios. Y esa gracia te hace vivir pegado a Él. Podríamos negarle como Pedro, dormir cuando nos pide velar, pecar cuando nos pide santidad. Pero la gracia de Dios supera todo eso y siempre, amado hermano, lo hará.

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (Efesios 2:19)”.

Regresa a tu condición de niño. Esa condición en la que no tienes miedo de caer, porque tienes la fina certeza que una mano te sostiene. En la que no temes pedir, porque sabes que te será dado. En la que no temes llorar, porque sabes que serás consolado y alimentado. Sólo los que son como niños delante de Él, entrarán al reino de Dios (Marcos 10:15). Apasiónate por Él, retorna al instante en que le dijiste: Viviré esta aventura porque Tú estás conmigo. Podrás renovarte en los ríos de agua viva que Él promete (Juan 7:38). Podrás creer tus palabras al decirle Te Amo. El encuentro me sirvió para darme cuenta de que si muevo un músculo, lo hago por el amor de mi vida: Jesús; y como dice la canción que subí (en la primera parte), para llevarme al santo lugar en el que Lo conocí. Apasiónate, hermano(a). Pronto llegarán días de gloria, de comunión con Él. Bendecirás a Jehová que te aconseja, aun en las noches te enseñará tu conciencia (Salmos 16:7).

“… y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios (Efesios 3:19)”.

La única razón de ser de un verdadero cristiano es habitar en el amor perfecto de Jesús. Sabemos que el sol renace cada mañana por Su amor, que el aire que respiramos es por Su amor, que la silla con tu nombre en Su mesa está ahí por Su amor. Sé valiente, Él no se limitó en ningún momento cuando estuvo aquí en la tierra, sino que marcó el cambio, y no vaciló porque tenía una meta: Morir por ti. Te amó más que a Su propia vida. Aunque suene imposible, intentemos hacer lo mismo que Él hizo por nosotros.

Mi Señor, tú conoces mi corazón, nada te puedo ocultar.
Sabes que te amo, pero hoy reafirmo ese pacto que hice contigo.
Hoy te digo que te amo más que a nada en la vida.
Ayúdame y enséñame a amarte más. Quiero arder de pasión por Ti.
Mi vida es tuya, es todo lo que te puedo dar.
Mi amor es tuyo.
Gracias por encontrarme, gracias por cuidarme,
Gracias por amarme.
Te amo. Confío en Ti. Eres mi fortaleza.Eres mi primer amor.

sábado, 26 de enero de 2008

Tan lejos...

boomp3.com

De pie me encontraba, aquel cuarto oscuro, cuando vi Tu luz que me hizo caer, rodar, llorar...
Tu gloria fue demasiado para mi vida, cambió mis pasos, cambió mi mente, cambió el rumbo de un simple mortal. Tus ojos me enamoraron y mis labios repitieron tus sublimes cantos, sin saber que pactaba mi vida cotigo.Ya no pudo ser igual, sólo... todo había cambiado.

Tormentas arrasaron, diluvios inundaron, llamas quemaron...
Al final de cada día, en tu nido de vuelta, veía que Tu poder sobrepasaba cualquier límite. Que Tu voz calmaba el desasosiego de la tormenta. Que Tu mano secaba la Tierra y la adornaba del hermoso arcoiris. Que Tu aliento hacía temblar al fuego consumidor que terminaba apagado. Papá, ¿cuánto más poder tienes? Sonreías.

Te amo, retumbaba los montes, iniciaba el crepúsculo. En pequeñas cosillas, insignificantes para cualquiera, me demostrabas increíbles milagros. Vimos gente sanada, mucha gente nueva bajo tu protección. Me mandabas recados, yo feliz, a Tu lado, los hacía. Juntos para siempre. Sabías cuánto te necesitaba, cuánto te anhelaba mi ser. Viniste a tatuarte en mi vida. Viniste a ser la mejor parte de mí. En sueños, incluso, te encontraba.

Es hora de aprender a volar.
Bueno, vamos pues.
Es hora de que lo hagas solo.
Me voy a caer si no vienes, vamos.
Estoy aquí, en la misma rama en que me conociste. Vamos, tú sabes que quiero llevarte a lugares altos. Para eso, necesito que estes adiestrado para llegar a otros montes. Yo puedo hacerlo, tú, para empezar necesitas agitar esas alas y llegar hasta esa otra ramita que está cerca.
Me da vergüenza caer, me da miedo ir sin ti. En el nido todo es mejor ¿no? No quiero hacerlo, no puedo hacerlo.

Inválido, pajarillo sobreprotegido, ya era hora. El entorno espectante, yo cobarde. De pronto, mi armadura ya no se desgastaba, no tenía excusa para buscar que la renovarás. De pronto, mis alas no evolucionaban, no podía obedecerte sin cuestionar como antes. De pronto, ya no quería mirarte, siempre te encontraba amoroso y, a pesar de todo, orgulloso y esperando. Indigno, esperé, temí, no actué, ni lo intenté.

Estabas a mi lado, pero te sentía tan lejos...
Recibías mi desesperado abrazo cuando corría hacia ti, pero Tu respuesta era siempre la misma: Levántate, vuela. Era un Mefi-boset que jamás conoció a David. Era un Jonás instalado en Tarsis. Era un Moisés muerto en Madián. Era un Pedro con la cuarta negación. Pero mi negación no era hacia otras personas, sino hacia mí mismo. Aquel día en que apagamos las llamas, yo vivía de Tu poder. Ahora lo negaba con mi desconfianza.

Sentado, viéndote esperándome, repase nuestras aventuras. En montes, en hogares, en calles. Todo lo hicimos juntos, y me prometiste que siempre sería así. No has roto tal promesa, me creaste para pelear. Y siempre estarás conmigo. Aquel Dios que me engreía, es el mismo que me reta. Aquel Dios que me sanó, es el mismo que me esfuerza. Aquel Dios que me entrenaba, es el mismo que me manda a la guerra. Aquel Dios que me salvó la vida, quiere que renuncie a ella y viva en Él.

Ya no me importa nada...
Acaso si resbalo al precipicio, ¿tu Mano no estará esperándome abajo? Acaso si mis enemigos se juntan contra mí, ¿tu Voz no los hará temblar de terror? Acaso si caigo enfermo, muerto en vida, ¿tu Sangre no podrá vencer cualquier iniquidad? Acaso si ataco a otras huestes en Tu nombre, ¿tu Espíritu no me dará la victoria? Acaso si en uno de mis intentos caigo y muero, ¿tu Eternidad no me hará el ser más feliz de la tierra?

"Pagaré lo que prometí... (Jonás 2:9)"

El pajarillo hoy a despertado, es un día radiante. Se asea y acicala. Corre de frente a su Padre, lo abraza, lo besa. Confío en Ti. Y antes de que cayera la primera lágrima, levanta la mirada hacia el azul firmamento, toma vuelo, corre aproximándose a la orilla de la rama y salta...

"Reedificarás las ruinas antiguas, levantarás los lugares devastados de antaño, y restaurarás las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones (Isaías 61:4)".

lunes, 21 de enero de 2008

Enamorado(a) para siempre... (parte 1)

boomp3.com

Hasta hace muy poco hubo un encuentro en mi iglesia, el tema: El Avivamiento en la Vida del Líder. Para empezar, no me sentía líder como para asistir al evento, entonces, con una falaz indiferencia quise dejarlo pasar hasta que me llamó mi gran amiga Cessia, quien es un apoyo cardinal en mi perseverancia en la iglesia, y me dijo que tenía una invitación para mí. Le dije que no me consideraba un líder, ella me respondió (conociéndola, sin ánimos zalameros sino sabios) que Dios sí me consideraba uno. De pronto, sentí en mi corazón que Dios quería que esté ahí. Trajeron la invitación hasta mi puerta y, pues, al día siguiente, mi mamá (quien sí apoya en la iglesia) y yo, nos encaminamos a la casa de Dios. Las tres noches fueron una bendición total. Luego del encuentro, vimos claramente, la iglesia, un despertar, que no es parte del proceso en la vida de un cristiano, sino la esencia del proceso: Jesús, quien ya escribió la mejor novela biográfica acerca de la vida de cada uno de ustedes, y la guarda en el escaparate más precioso que existe: Su corazón.

“Dios nos escogió en Cristo desde antes de la creación del mundo, para que fuésemos santos y sin defecto en su presencia. Por su amor, nos había destinado a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, hacia el cual nos ordenó, según la determinación bondadosa de su voluntad (Efesios 1:4-5)”.

De manera inmediata, repase el capítulo fundamental que marcó tu vida como creyente. El día en que, simplemente, el más grande milagro ocurrió; el día en que le arrancaste una sonrisa a Dios porque decidiste ver Su reino (Juan 3:3); el día en que tú le dijiste sí a Jesús. O, por otro lado (recordando el trato que Dios tuvo conmigo), trae a la memoria el día en que estuviste dispuesto a dejarle llevarte de la mano de vuelta al rebaño. Recuerda el día en que fuiste salvo. Imagino que algunos habrán dibujado un retozo en su rostro, pues fue un gran día ¿no?; otros, quizás, conscientes de haber olvidado aquel día, hayan sido estremecidos en su corazón y motivados a buscar de Dios; alguna oveja extraviada, de pronto, sienta una nostalgia que quiere evitar, aun conociendo la verdad; en mi caso, al recordarlo, simplemente tuve que llorar tristemente. Ahora les explico el porqué. El pastor nos incitó, peligrosamente, a sopesar nuestro corazón sediento en aquel día de salvación, y los hermosos días que le siguieron, con nuestra vida de cristianos actualmente. Vaya comparación, eh.

“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte (2 Corintios 7:10)”.

La salvación está intacta, nadie te la puede arrebatar (Juan 5:24). Pero no todo termina ahí. El ser cristiano es un proceso inacabable, en el cual Dios es dueño del mismo. El no puede renovar su amor para nosotros porque Su amor es eterno y perfecto (Romanos 8:38,39). No obstante, nosotros sí podemos hacerlo. Quizás muchos no nos hemos dado cuenta de cuánto hemos dejado de tener hambre por Él, hambre de Su presencia. Quizás nos olvidamos de vivir la historia de cierto carpintero que murió de la peor manera por nosotros y lo grabamos en la mente como algo histórico que se pierde en los anaqueles antiguos; cierto, sabemos que fue real, pero fue un suceso más, es decir, ya murió por mí ¿no? Quizás hemos permitido una insensibilidad a las prédicas en las iglesias porque el tema siempre es el mismo: Jesús, Jesús y más Jesús. “Porque de tal manera amó Dios al mundo... bla bla bla” El Juan 3:16 parece tan trillado, y su significado no es más que una sombra de palabrería que alguna vez significó algo y salvó tu vida. Todos, síntomas del descuido de dejar el primer amor.

“Dice Jehová: Tengo contra ti, que has dejado tu primer amor (Apocalipsis 2:4)”.

Cuando regresé a los brazos de mi Dios, sentí la sensación más exquisita e inexplicable que he sentido en toda mi vida. Todo lo que existía, cada paso que daba, recuerdo, era por Él, cual zagal adolescente que logra conquistar a la chica de sus sueños y hace hasta lo imposible por verla sonreír. La vida no podía ser menos que perfecta. Conocía del primer amor, pero en ese momento no me percataba de su existencia. Un hermano me dijo que yo estaba viviendo el primer amor, y por eso mi increíble alborozo. Sinceramente, creí que ese amor jamás se acabaría, que lo intenso de mis días duraría hasta mi muerte. Cada día que pasa el Señor perfecciona su obra en nosotros (Filipenses 1:6), de eso no hay duda. Pero, hay que interrogarnos, cuánto estamos mostrando esa pasión por Él como aquel día en que lo conocimos. Con cuánta intensidad estamos tratando de darle lo que Él se merece. Con ‘dejar el primer amor’, no estoy hablando de ser víctimas de una emoción pasajera o, en términos platónicos, de una tonta ilusión amorosa. No estoy poniendo en duda la salvación. Hablo de regresar a aquel manantial del que bebimos por primera vez, del primer abrazo paternal que recibimos, de la delicadeza al hablar del ser que más amas a otras personas, de la primera velada que tuviste a solas con él. Aquel espacio santo que renace sólo en testimonios que evocan cierto día algo que fue real.

“¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? (Mateo 26:40)”.

Quizás no “andes en pecado” como los adúlteros o los hipócritas (Romanos 3:10). Haz renunciado a muchas cosas por Él, y te sientes bien por no ser malo como los del mundo (Lucas 18,11). Probablemente ores todos los días, pero tus versos son largos discursos o frases que has ido memorizando de algún hermano y has ido complementado con el de algún otro, nada nuevo, nada original, ‘lo que te pedí ayer, lo mismo, nomás Señor’ (Mateo 6:7). Vas a la iglesia fielmente todos los domingos, pues se hizo una costumbre saludar a la congregación quien te devuelve una sonrisa de aprobación por tu asistencia. Es posible que en tu colección de discos se encuentre el último single de Jesús Adrián Romero, o Hillsong para los más jóvenes, pero las melodías ya no te conmueven como antes. Los cuadros en tu casa hacen notar tu devoción con el Salmo 23, o el 27, bien ubicado para que toda visita sepa que eres un cristiano. Felicidades, hermano, has logrado obtener el título de religioso. Vistes todo lo que es necesario para ser llamado un cristiano. La fachada te queda perfecta. Pronto te das cuenta de que nada te llena, que haz llegado al hastío espiritual. La fe ya no es lo que solía ser antes, se va deteriorando en un proceso muy sutil y, a veces, invisible. Tu fachada de cristiano está intacta, pero tu alma no encuentra esa sonrisa que tuviste el día de tu salvación. Yo le pregunté a Dios, ¿Qué pasó con el Carlos que no dormía si no habitaba en Tu templo y te adoraba sin importarle el reloj? Y… ¿Qué pasó contigo?

(continuará)

domingo, 6 de enero de 2008

El año que se va...

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Saludos a todos por el año nuevo. Quizás sea tarde para conmemorar dicho tema, pero esta semana estuvo súper agitada, por lo que no pude dedicar tiempo a actualizar el blog. Menos mal que agitada para gloria y honra de Dios, quien en Su infinita sabiduría me ha mostrado nuevos rumbos y compromisos para afianzar mi vida espiritual conforme a Su propósito. Ahora, respetando tradiciones (acaso burdas, pero a veces necesarias), por el nuevo año que se viene, quiero informarles lo que vendrá a contener el blog estos días, quizás ubicándolos un poco, aunque tampoco sistematizando, pues la temática acá es Jesús en su compleja pero deliciosa magnitud. Tampoco puedo pretender cierta ilusión, como sería un público asiduo lector de Jesus-apuymi, pero estoy informado que un par de personas, amigos en realidad (que, quién sabe, lo leen para no hacerme sentir mal), lo hacen. Entonces, mi motivación son ellos (mi prójimo, que son todos) y, por supuesto, mi Jesús. Además, no me engaño pues cuento con un contador de visitas que se encarga de desilusionarme por completo. Este no es un afán patético que busca su compasión, sino uno que intenta amenizar el momento. = )

Bueno, gente, primero aclararé algunas dudas con respecto a la web, que puede asaltar interrogantes en ustedes, puesto que algunas me han sido informadas. En primer lugar, jesus apuymi, es una expresión gramatical en quechua (lengua que, como algunos de ustedes saben, me fascina por tener un interesante armazón sintáctico, sin desdeñar nuestro pasado histórico y la rica cultura que lo utilizó), que significa Jesús es mi Dios. Por otro lado, el logotipo que hace ver las letras WWJD? son las siglas de la frase en inglés What would Jesus do?, o sea, ¿qué haría Jesús?, me parece idóneo hacerse esa pregunta en cualquier situación. Ahora, quizás no lo notaron pero intenté graficar en una serie (titulada 'JC') los últimos días de nuestro Maestro en la tierra como hombre y Dios. Me falta culminarla, pero pueden ubicar las partes anteriores en los siguientes links, parte 1, parte 2, y parte 3. Posteriormente, estaré escribiendo ciertas pautas para convertir a Cristo en un modo de vida. Dichas claves son inspiradas de un pequeño libro que recomiendo, sobre todo a los que están empezando la preciosa odisea interminable de seguir a Jesús, "No seas un dinosaurio", de un gran siervo de Dios, Lucas Leys (aquí su blog). Estaré linkeando blogs, artículos, todo recurso de la web que encuentre interesante para que puedan visitarlo. Pediría también paciencia para esperar que carguen las canciones que pongo, pues son pensadas y, espero, precisas para lo que intento comunicar en las entradas. Todo recurso que ayude y complemente el cumplimiento de la gran comisión, bienvenido.

"No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Romanos 12:2)".

Reconociendo que la gracia del Señor nos ha mantenido hasta ahora con vida y plenitud, espero su apoyo. Recuerden que el gozo no se agota. Y me agrada ver a mis hermanos crecer, así como siento que a ellos les agrada mi crecimiento. Por eso espero su colaboración, cualquier comentario, sugerencia, queja, maltrato verbal será agradecidamente atendido. Así como sus testimonios que tanto bendicen al pueblo de Dios. Los invito, este año y siempre, a vivir de la más grande aventura: ser un hijo de Dios. No tiene por que limitarse ni ser aburrido este tipo de vida. Hagamos un compromiso de integridad para con nuestro Dios. Adorémosle, no sólo con palabras ni cantos, sino con nuestras acciones. Sirvámosle y démosle gloria al que vive y reina por siempre. Decidámonos a amarle más cada día. Jesús es vida. Juntos, hermanos, convirtámoslo en un modo de vida.

"Jesús dijo: Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Juan 10:10)".

Saminchanakuna. (Bendiciones.)

lunes, 24 de diciembre de 2007

Feliz nacimiento, Emmanuel

boomp3.com

Me encontraba de camino a casa. Ya era tarde, la gripe pudo empeorar si no fuera por el anís que tomé antes de llegar. De pronto, en calles usualmente oscuras puedo ver un espectáculo de luces ubicuas rodeándome. Dorados, colores entre verde y rojo, algunas colocadas cadenciosamente (en escaleras, por ejemplo) y otras, con el mismo afán pero con menos presupuesto imagino, humildemente figurando un trineo o una estrella en alguna mampara o ventana. De pronto, uno que otro estallido provocado por los felices niños que disfrutan tanto sus palomilladas antes de la noche buena, pues ésta indica, recién, el inicio estruendoso de los cohetones, misiles y luces de bengala. Un personaje extraño en todo el año, pero familiar por estos días adorna fachadas y bazares con su copiosa barba y peculiar traje rojiblanco que bien podría pasar por un atuendo peruano. Recuerdo haber visto a uno trepando una pared con un gran saco en la espalda; imagino que la familia de dicha casa no temía la irrupción de aquel hombre.

Se hornean pavos, hacen notar orgullosas ciertas panaderías. La caseta del vigilante del barrio curiosamente adornada por alguna vecina empalagosa que no solo mantiene, sino contagia el “espíritu navideño” al que se le cruce. Señores de rostro hosco, como nunca sonríen por la popular “grati” que reciben porque la fecha lo amerita. Centros comerciales repletos. Edificios de panetones. Policías de transito alienados con un sombrero papanoelesco. Villancicos resuenan en casa de los vecinos más “antiguos” de la cuadra. Uno que otro nostálgico. Cadenas navideñas en los correos. Y, bueno, un sujeto que escribe en un blog porque algo más que una festividad lo motiva a hacerlo.

Hace más de dos mil años (e, incluso, mucho menos), no existían tantas representaciones para un evento, lamentablemente, tan comercializado como ahora. Ni era, para nada, tan esperado. Es más, imagino que ese día, el nacimiento de un niño que representamos un 25 de diciembre, la mayoría holgazaneaba o luchaba para pagar los impuestos a un imperio que dominaba al pueblo de Dios. Sólo hubieron pequeños rumores entre la gente que esperaba a un Mesías. Pero eran rumores lejanísimos, puesto que, cómo iba a nacer el Salvador del universo en tiempos tan trágicos como los del dominio romano. En una Jerusalén libre, en un esplendoroso castillo habría de nacer dicho Rey. Nadie imaginaba que justo hace nueve meses, el Espíritu de Dios descendía del cielo en una muchachita y le haría concebir a uno a quien llamaría JESÚS, que significa Salvador.

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre EMMANUEL (Isaías 7:14)”.

Emmanuel, es Dios con nosotros. Finalmente, Dios mismo descendía de lo alto para caminar entre nosotros. Su historia celestial se interrumpió por amor. El Rey de reyes nació en el lugar menos imaginado –por no decir, menos merecido- y nos mostró humildad desde el inicio. Los ángeles, desde lo alto, cantaron alabanzas y se regocijaron en Dios, pues este mostraba Su incomprensible amor hacia la humanidad en un pequeño pesebre. En el tiempo menos pensado, nació Jesús. En un día que hoy llamamos navidad, nació Dios.

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad (Juan 1:14)”.

Santo, Santo, Santo Dios.
Gracias por enviar un día como hoy a Jesucristo.
El más precioso de los hombres que cambió el rumbo del mundo.
Hosanna, al cordero de Dios que vence al mundo y destruye las tinieblas.
Nombre sobre todo nombre, brazos eternos, precioso Jesús.
Este día es para ti y para nadie más. Tú que mereces todo y que das todo.
Poderoso Señor, así como esperamos tu venida, recordamos tu nacimiento que nos dio vida.

Los quiero mucho a todos. Recordemos a Jesús. Si bien es un tiempo de amistad, unión y amor, en esta fecha reflexionemos y agradezcamos a Dios por todas las bendiciones que derrama todos los días sobre nuestras vidas. Por supuesto, no solo hoy, sino siempre. Jesús vive, y vive en nosotros. Celebremos, pues, el nacimiento de Emmanuel. Feliz navidad.

*Versión en castellano de la canción en YouTube.

jueves, 13 de diciembre de 2007

JC: Vida y libertad (parte 3)

boomp3.com

‘¿Qué sucede?, ¿qué ha pasado?’, preguntaban los que habían presenciado el último hálito de vida del ahora muerto. Juan, al pie de la cruz, levantó la mirada con un fruncimiento de dolor y enrojecidos párpados. ‘Mi Jesús, mi amado’, se sentía libre, no sabía de qué, se sentía ligero, no sabía por qué. El mundo entero sintió que se le había arrebatado algo profundamente arraigado en su ser. Un soldado romano afirmaba el poderío del encaramado rey brutalmente golpeado, paradójicamente recién al verlo muerto en lo alto de la cruz.

“Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres, así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído (Isaías 52:14,15)”.

La multitud atemorizada solo podía golpearse amargamente el pecho y sacudirse los vestidos asqueados de la peor alevosía cometida. El cielo zozobrante y lóbrego aumentaba el temor. Los suelos estentóreos y temblorosos confundían pisadas entre la gente. Rocas gigantes quebradas. Vacío. Dolor. En algún lugar recóndito, se desataba una terrible batalla de salvación. Mientras, en el desértico ribazo, agua y sangre chorreaba de un costado del cuerpo del Maestro, provocado por una filuda lanza. Una bendita figura, un verso sublime, una metáfora de libertad. Muerto Jesús, el velo que cubre el tabernáculo de Jehová desde los tiempos de Moisés (Éxodo 26:31-33), en donde sólo podía entrar el sumo sacerdote en representación del pueblo y disfrutar en acciones de gracias la presencia de Dios, se rasgó en dos, de arriba abajo (Mateo 27:51). La prueba de amor sucedió cuando, Jesucristo, hecho hombre, padeció de tentaciones como nosotros, se humilló como siervo y entregó su vida en una cruz para perdonar nuestros pecados y salvarnos de la condenación, además de darnos entrada al trono del Padre con entera libertad.

“…no tenemos sumo sacerdote [Jesús] que no pueda compadecerse de nuestras debilidades… Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:15,16)”.

Juan no entendía la mezcla de sentimientos en su mente. Por un lado, quería -sin éxito- odiar a quienes permitieron la muerte de su amado; por el otro, sentía paz, restauración, salvación y amor. Aunque sus ojos miraban un cadáver, su corazón se sentía más vivo que nunca. Jesús, le había dicho que nadie podía quitarle la vida, sino que Él la ponía y tenía poder para volverla a tomar (Juan 10:17). En su humanidad, aún no asimilaba estos versos, pero la esperanza se hacía real por primera vez en su vida. Un augusto varón de Arimatea, miembro del concilio, quien esperaba el reino de Dios, con cierta injerencia fue hacia Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, quien sorprendido por la rauda muerte del condenado, le concedió su pedido. Un hombre que aprendió a nacer de nuevo (Juan 3), Nicodemo, llegó con aromáticos y excelsos perfumes. Estando el lienzo ya embalsamado, José de Arimatea y Nicodemo, pudieron ver muy acongojados, mientras envolvían a Jesús con la sábana, las enormes llagas en su maltrecho cuerpo.

“… y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2:8)”.

Mientras los hombres, seguidos de un grupo de mujeres, iban camino al sepulcro, donde pondrían el cuerpo de Jesús, María, a quien le fue encomendado concebirlo, siguiendo el paso, cavilaba en su mente, tenía la certeza de que Él era el Salvador de la humanidad. Sabía que era el Hijo de Dios, el único redentor, sabía que Jesús era Dios. Pudo entender el propósito de Dios en ella: criar a Su Hijo. Quería alegrarse por ello, pero los mordaces llantos de las mujeres que le acompañaban lo impedían. Elevó una oración al Padre, ‘Jesús, Tu Hijo, tiene un propósito que aún no logro ver. A pesar del inmenso dolor, así como diste Tu bendición para mi vida, espero Tu bendición para el mundo entero. No tengo plenitud por haber amamantado a Tu Hijo, sino por haber oído Tu palabra que es la verdad (Lucas 11:27,28)’.

“Dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá (Juan 11:25)”.

El terrible dolor sobrepasaba los cielos. Los discípulos no podían dar la cara. Las fieles mujeres, mantenían su empeño, hasta el fin, acompañando al Maestro. Sufrientes. Pusieron el cuerpo de Jesús en un sepulcro cercano, pues se acercaba la pascua y debían prepararla. José de Arimatea, hizo rodar una inmensa piedra para tapar el sepulcro y partió. Maria Magdalena y la otra María, se quedaron, esperando, frente al sepulcro. Al siguiente día, ni el temor ni las señales pudieron menguar las acciones de los fariseos, quienes convencidos de haber dado muerte a un embustero, fueron hacia Pilato y le pidieron sellar la piedra y asegurar el sepulcro con un guardia pues aseguraban que las palabras del muerto, ‘Después de tres días resucitaré (Mateo 16:21)’, serían usados por sus discípulos –que robarían el cuerpo– para engañar a más gente. Pilato asintió. Dios Padre, al ver la magnitud de la obra y la obediencia se dijo nuevamente, orgulloso: Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia.

“Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Apocalipsis 19:16)”.

Pasados los días de la pascua, el primer día de la semana, María Magdalena, María la madre de Jacobo y Salomé fueron con especias aromáticas para ungir el cuerpo de Jesús. Al ver la piedra removida aunque temieron, imaginaron que algún discípulo se había adelantado. Se acercaron a la pesada piedra. Una de ellas dejó caer el frasco que contenía los perfumes. María Magdalena temblaba. Tantas lágrimas derramadas impedían llorar en ese instante. Rabí, ¿donde estás? Un halo cegador brilló intensamente en la oscura cueva…

domingo, 2 de diciembre de 2007

Si aún te quiero

boomp3.com

Hoy tus ojos me preguntan si aún te quiero,
si aún te quiero.
Sólo te importa saber si a estas alturas aún te quiero,
si aún te quiero.

Ya me lo advertiste,
que no me fiara de mi propio corazón,
que mi brazo es débil,
y que el alma no suele tener razón.
Y hoy estoy aquí, lamento haber fallado,
no sé cómo no lo vi venir,
No sé cómo te llegué a negar anoche,
y aunque en tus ojos no había reproche,
ya no puedo ni mirarte,
se me ha roto el corazón,
mi alma sólo siente frío y temor.

Y has venido a preguntarme si aún te quiero,
si aún te quiero, si aún te quiero.
Sólo te importa saber si a estas alturas aún te quiero
si aún te quiero, si aún te quiero.

Yo no te merezco,
no soy digno de tu sacrificio ni tu amor,
y aún así derramas
en la cruz tu sangre consiguiendo mi perdón.
Yo no puedo hablar, te veo en el madero,
se oscurece el cielo sobre mi,
y a la vez está naciendo un nuevo amanecer,
que nunca podré explicar ni comprender,
soy culpable de tu herida,
mi castigo es sobre Ti,
yo me alejo, mientras Tu mueres por mi

Y has venido a preguntarme si aun te quiero...

jueves, 8 de noviembre de 2007

Nada importa...

Cuán difícil es ser embajador de Cristo. Lo sé, es fabuloso habitar en Su presencia. Su amor, Su perdón, Su gracia, Su espíritu… ahí debería terminar todo ¿no? Pero no es así. Los problemas vienen, las acusaciones zumban en nuestra mente, el pasado condena sin piedad, la vida simplemente es imperfecta.

“Como el ciervo brama por las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía (Salmos 42:1)”.

Es así como me sentía un día. Abandonado, condenado por el enemigo, muerto. Llegaba a la universidad, sin ánimos, huyendo de mi Señor, tenía miedo encararlo y decirle que lo amo. Perdóname, perdóname, mi corazón imploraba. Sentí Su voz decirme ‘búscame’. Tengo examen, más tarde, dije sollozando. El examen, gracias a Dios y lecturas madrugadoras, estuvo bueno. Salí antes de tiempo. Sentí en mi corazón hambre de mi Señor. Te quiero ver, papá.

“Porque Dios ha dicho: Nunca te dejaré, jamás te abandonaré (Hebreos 13:5)”.

Le creí. Recuerdo que una amiga me dijo que si ‘todo fuera fácil, estaríamos en el cielo’. Estuve mucho tiempo en tregua, con ciertas invasiones, pero todo controlable. Mis armas se oxidaban y yo seguía envuelto en el manto de la gracia. Tocaba batallar y me dio flojera (para variar). Me vi débil, desgastado. Abatido. Busqué un lugar propicio para encontrarme con mi Señor, pues mi corazón estallaba y no podía esperar a llegar a casa. ¡Qué difícil tarea encontrar un lugar a solas en la uni! Seguía buscando, era tarde, todos iban a casa a calentarse. Y no encontraba un lugar. Busqué en el último piso de Z, esta vez había un grupo de jóvenes fumando. Rayos.

‘¡No renuncié al mundo para esto! Te necesito y voy a buscarte, no importa cuánto me cueste’, dije confiando en mis palabras porque mi mente anhelaba mandar todo a volar y volver a mis andanzas supuestamente felices pero completamente vacías. Encontré un lugar. Me senté y con un frío asesino empecé a orar, a buscar a Dios. Me di cuenta de que lo que, en mi humanidad, planeo no está a la altura de los pensamientos de Dios. Que mis faltas no están a la altura de Su misericordia. Que mis problemas no están a la altura de Su gracia. Empecé a rogarle Su perdón y Su abrazo. El Señor me restauró, fueron minutos impresionantes. No les cuento todo pues es inefable y de hecho que muchos de ustedes lo saben. Reconocí que no soy nadie sin Él. Que Su fidelidad es lo mas encomiable en el mundo. Que nada importa… si no estamos con Él

Nada te podrá separar del amor de Cristo, tenlo por seguro. Recuerda la oración del Maestro para nosotros antes de Su muerte. Me ayudó (y ayuda) mucho en tiempos de aflicción. Jesús le dijo a Su padre:
“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal (Juan 17:15)”

No somos del mundo, es nuestro campo de batalla. Y Jesús es el Rey por quien batallamos.

martes, 6 de noviembre de 2007

JC: Amor y obediencia (Parte I)

Todo era tan confuso. Su alma inquieta. Sentía que la Luz se apagaba y no podía desaprovecharla pues nunca lo había hecho. Nadie quería estar al lado del Maestro como Él. O si bien, todos querían estar a Su lado, Él luchaba con todas sus fuerzas por ser el primero. Nada había cambiado para entonces. Había visto el milagro de la vida, era salvo, creyó. Pero de sus entrañas algo se desarraigaba, se desmoronaba en vida. Le había escuchado mil veces hablar acerca de lo que sucedería. Esta tarde es muy diferente. Las palabras de su amado son distintas ahora, Su voz cambia, pero no Su firmeza. Y son tan hermosos esos pasajes que no quiere despertar. Espero recordarlas, dice. Tantos versos de vida hicieron que pareciese que estaba en el cielo. Me voy contigo, Maestro, titubeaba.

–Vuestra tristeza se convertirá en gozo… (Juan 16:20)

Quería llorar, no sabía por qué. Escuchaba ‘muerte’ y ‘vida’ meneándole ansiosamente los oídos. Maestro, ayúdame, suplicaba en la mente. Jesús le miraba con el amor desde que lo vio por primera vez y le dijo: Sígueme. Han sido los tres mejores años de mi vida, decía. Te amo, te amo, te amo. Sus hermanos estaban ansiosos también. Pero el amor abundaba en la febril habitación. Sentían todos que el milagro más grande estaba por ocurrir. Sabían que con el Maestro era todo posible. Juan, el amado, seguía inquieto. Todo lo que conocía, lo que había visto iba a cambiar de manera impresionante; el rumbo del mundo –si existía alguno- se vería desproporcionado con la magnitud del evento a producirse. De pronto, una estocada en su corazón le atravesó el alma. No quiero, no quiero. ¿Cómo puede ser?

-Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre. (Juan 16:28)

Escuchó a uno de sus hermanos decir que ahora sí entendía, que Jesús sabía todas las cosas. Ciertamente, él también entendía a su Maestro claramente. Tuvo muchas fuerzas. Aún así no quería desprenderse de su amado. No puede ser. He encontrado la vida y ahora se me va. Llegó la hora. Él sabía que nada se iba a comparar con el gran momento que toda la tierra atestiguaría. Lo que sucedería abriría sus ojos para siempre, y los de toda la humanidad. No tenía por qué extrañarle. Recordó, entonces, cuando Jesús les dijo: Os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer (Juan 15:15). Era su amigo. Vamos, era su mejor amigo. Quiero estar a tu lado siempre, Maestro, se volvía a repetir. Nuevamente recuerda, como fulminantes dardos de amor atravesándole la mente, cuando Jesús le dijo: Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor (Juan 15:10). Tenía la clave, entonces. Al parecer sus hermanos también lo entendieron a pesar de la bruma onerosa. Los discípulos, finalmente, recordaron a su amado cuando estando en la barca temieron, para luego estallar en felicidad y gozo al ver al ser más poderoso del mundo: Jesús. El Maestro concluyó:

-Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Juan 16:33).

‘¡Jesús! Ya te conocemos, confiamos en ti, Maestro’ Se pareció escuchar silenciosamente siseando en el aire. Jesús tuvo calma. “Los preparé, me toca a mí”…

jueves, 1 de noviembre de 2007

Testimonio: Pablo Olivares

Les invito a ser testigos del amor del Señor en la vida de sus hijos. La historia que aparece en estos dos videos (continuados) es la de un ex-metalero, quien hizo un pacto con el diablo y fue rescatado por la gracia del Señor Jesucristo. Disfruten de uno de los milagros del Señor.





Jesus dijo: "Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas (Juan 12:46)".

jueves, 25 de octubre de 2007

Mi primer amor

Tan diáfano recuerdo no requiere esfuerzo, estábamos en quietud y en movimiento, en asombro y conocimiento, en amor y pasión. Si algo existía en esos momentos, era el amor del Dios mismo revelándose en la vida de cada uno de mis amigos. La meta, una sola: adorar a Jehová quien nos rescató de toda iniquidad. Ese era en sí, el fin de la célula de los “trebolinos”, aquella inseparable y empalagosa célula que no podía desprenderse de la mano del Señor.

Aquellos fueron tiempos de búsqueda a Dios tremendos. Jamás había sentido el amor del Señor tan de cerca. Diciéndome que me amaba, no porque era el “timoteo” de la célula, sino porque era Su hijo. Recuerdo también que si algo motivaba ese acento del evangelio era Jesús, Su acto de amor y Su ejemplo. Era la piedra fundamental de nuestras vidas. Sentíamos –los líderes y yo- que si hacíamos algo, era por Él. Sentíamos que todo era por amor a Jesús. Todo.

Descubrí orgullo en mí porque me dedicaba mucho a Dios, pero no encontraba recompensa, porque vivía esperándola. Eran tiempos difíciles, reconocía por momentos que algo estaba haciendo mal. Aún así seguía luchando, pero esta vez en mis fuerzas. Sentí cierta pseudo-espiritualidad creciendo en mí, a pesar de que con suavidad, escuchaba en las noches a Dios diciéndome: ¿A quién estás sirviendo, hijito mío?

Me engañé por mucho tiempo. Por un lado, sufría mucho pues tenía problemas bastante grandes que agobiaban mis días. Pero no los solucionaba y así, iba a hablar Su palabra. Debo reconocer que mis oraciones se extendían en largos discursos retóricos llenos de hermosos epítetos, incluso bíblicos pero ninguno desprendido desde el fondo de mi corazón; ninguna súplica de ayuda. No encontraba la paz, el gozo, la alegría que tenía de más pequeño y que tengo ahora por Su gracia. Me di cuenta que servía, a pesar de dedicarle todo a Él, a otro amo, a Carlos Sánchez.

Poco a poco fue desmoronándose mi vida espiritual, mi anhelo, mi pasión por Él. A la par la célula se disolvía, pues como todos, mis hermanos también tenían problemas. Seguía pidiéndole sanidad, restauración, pero mi oración no pasaba el techo de mi cuarto, bueno, así lo sentía. En todo este tiempo, no recordé que el me sostenía de Su mano y yo la apartaba pues creía que podía hacerlo solo. Olvidé estas palabras: "Se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo... Mas yo en ti confio, oh Jehová (Salmos 31:9,14)". El resultado: me alejé de Él

Esa fue mi idea, mi solución. 'Le dije, yo no puedo adorar a alguien que no es justo conmigo. Mi único anhelo era servirte, pero no veo ningún resultado.' Terminé el colegio, una vida nueva empezaba, una vida de satisfacción, de alegría, de solución o eso era lo que creía. 'Soy libre', jamás hubo frase más falaz en mis labios. Con mi alejamiento de Dios, "descubrí" muchas cosas, en un principio con el temor santo de su Espíritu advirtiendo, pero poco a poco se iba apagando. Sentía por momentos, que me decía: 'vuelve a mí, te sigo esperando'. Y era realmente incómodo, es decir, no podía “pecar a plenitud”. Si deseaba hacer algo que no le agradaba, simplemente no me salía. Pero seguía intentándolo y, en parte, a “medias”, lo lograba.

Jamás mi corazón se endureció tanto como en ese tiempo. Llegaba muy tarde a casa, de alguna fiesta o reunión y sentía al subir a mi cuarto una sensación realmente irritante. Algo que me decía ‘detente, pídeme, yo te escucho’. Yo cuestionaba: “No me sale nada. Pensé que tú querías que yo fuera feliz. Pero no me das nada. ¿Acaso éste era tu propósito en mi vida?”. La experiencia me sirvió para notar mi corazón confundido y obstinado, mi rebeldía, mi amor apagándose y mi debilidad. Así transcurrieron mis noches, Dios hablando, yo negando. Yo, con las mismas palabras: “Si vas a hacer algo, hazlo” y dormía intranquilo, con la serenidad a mil años luz de mí. Esa fue mi vida sin Él, vacía, triste, sola.

Luego de mi encuentro con Él, le pregunté mientras oraba, ¿Qué pasó, Señor mío? ¿Qué me ocurrió en ese entonces? ¿Por qué pretendí encontrar algo mejor que a ti? Y Él me respondió: “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor (Apocalipsis 2:2-4)”.

Me quebré totalmente. Le di mi gratitud por haberme abierto los ojos. Y es que era cierto. Estaba trabajando por amor “de” Su nombre. Estaba dedicándole mi vida a un título que desconocía. “De” un nombre que conocía bien a quien pertenecía, pero era sólo eso. Olvidé que adorar a Jesús es hacerlo por amor “a” su nombre. Por amor a Su amor. Por amor al acto más precioso que hubo. Por amor a Él. Busqué dones, espiritualidad, etc. pero olvidé que si no fuera por Jesús no existiría nada de eso. Olvide mi primer amor, a Jesús, por quien supuestamente actuaba. Olvidé al amor de mi vida.

El Señor me sanó ese día, lloré mucho pues había desperdiciado mucho tiempo y, sobre todo, le había fallado, además mi vida era horrible. Me vi haciendo todo vistiendo un polo con un estampado que decía JESUS, cuando Él me decía: '¡Hijo, aquí estoy a tu lado!, si deseas hablar de mí, preséntamelos y yo me haré cargo'. Es verdad, servimos a una causa, pero la diferencia es que esta causa vive. Jamás sentí tan real a Jesús en mi vida. En esa encrucijada, las palabras que diferenciaron esa noche de las demás, fueron: “Si vas a hacer algo, hazlo; pero Señor, ahora sí estoy dispuesto a oírte, porque no puedo hacer nada sin tu ayuda”. Y me abrazó, me dijo, ovejita, ven a mí, “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano (Juan 10:27,28)”.

El me había dicho: “No te desampararé, ni te dejaré (Hebreos 13:5)” y yo lo había olvidado. Ahora no hay otro motivo de mi adoración que Él, Su perdón fue lo más grande que experimenté, Su gracia se volvió real en mi vida. Su amor es todo. Jesus es el primer amor. Jesús dijo: “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor (Juan 12:26)”. Más adelante dice: “… porque separados de mí nada podéis hacer (Juan 15:5)”. Si Dios tiene un plan para ti, el pone el pie primero, no tú. Y con esa convicción y confianza hay victoria. En ocasiones veo desiertos y antes de desesperar, confío en Él, Él no defrauda.

Y es verdad, como me dijo un gran amigo y siervo de Dios cuando le preguntaba ¿cómo saber si lo hago (cualquier cosa) en mis fuerzas?: “Porque en tus fuerzas no dura”. Ahora he creado una dependencia con Él. No puedo nada solo. Esa voz, ese aliento no cesará nunca desde el día en que hemos creído. Estamos “condenados” a Su libertad. “Condenados” a Su amor. ¡Qué bonita condenación!

¡Regresa! “Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido en misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó… [mi amado] era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado (Lucas 15:20,32)”.

martes, 16 de octubre de 2007

Nunca estarás solo(a)

Cuando me invade la culpabilidad y mi mente contradice a mi corazón, pues la muerte atraviesa paseando por mis ojos. Cuando me seduce el mundo que he dejado atrás y Tu sangre se convierte en mi alfombra. Cuando no resisto la vergüenza. Es ahí, que mis labios mencionan Tu nombre, con miedo, con tristeza, con derrota en los titulares.

Cuando la restauración se asemeja a espejismos lejanos. Cuando Tu voz santa calla forzosamente en derrota por mis oídos. Cuando no he logrado vencer porque olvidé mi ejército completo y la causa de mi pelea. Es ahí, cuando me siento insignificante, derrotado, solo y no merecedor del apellido que me has otorgado.

Cuando enloquece mi vida porque no he representado mi herencia. Cuando no logro levantar la mirada porque está débil como mi cuerpo tullido, trémulo de frío. Cuando quiero morir de nuevo y volver a Getsemaní a ver Tu amor. Es ahí, cuando Tu voz seduce mis ánimos.

Cuando no resisto el silencio de mi entorno. Cuando he perdido el control de mi vida y quiero depender y vivir de ti. Cuando siento Tu mirada sin condenación alguna, con el amor tatuado. Es ahí, cuando mi corazón te reconoce y no se cansa de verte.

Cuando necesito Tu perdón, Tu abrazo, Tu canción. Cuando miro al vacío y ahí te encuentro. Cuando la tempestad me empuja a Tu refugio. Es ahí, que me sorprende Tu incomprensible amor.

Cuando mis vidrios comprometen mi alma. Cuando renuncio a mi existencia. Cuando no quiero pasar un segundo sin Tu presencia. Es ahí, que reconozco y canto Tu amor.

Cuando no puedo encontrar otro lugar mejor, es ahí, en donde quiero morar.

De pronto, nace nuevamente Tu promesa, Tu paciencia y Tu ternura, diciéndome: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; […], estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé (Josué 1:5)”.

Y yo respondo: Papá, te amo.

lunes, 8 de octubre de 2007

Tú eres mi tesoro*



Correspóndele a Su amor. Sé feliz. Jesús le dijo a su padre: "Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado (Juan 17:23)".

*Video de www.fathersloveletter.com

martes, 2 de octubre de 2007

Si mi corazón hablara

Hace un par de semanas asistí a un recital de piano, en el que una muy buena amiga iba a cantar -obviamente, éste no era sólo instrumental- que tenía por tema "Canciones del recuerdo" (o algo así). Cumplió su cometido; me vi envuelto en evocaciones momentáneas, algunas gratas, otras no tanto. Y es que a mi manera, un amigo, en todo camino y jornada está siempre conmigo, etc. El recital estuvo bueno, fue complementado con ciertas "sorpresas", a mi parecer, predecibles (menos el mimo, que quedamente y, con brusquedad, animó el intermedio del recital) pero peculiares. Entre las peculiaridades se encontraba mi amiga, quien cantó con su primo las composiciones de este. Las butacas flotaron en un facsímil bien realizado, bajos y altos combinados, canciones como "Cómo no creer en Dios", el tributo a Luciano con su "O sole mio" eterno, etc.

Logré rescatar, entre las canciones, una , mejor dicho, un título: "Si mi/el corazón hablara". Al instante empecé a viajar entre frases rasas, verosímiles, totalmente sustraídas de mi corazón. Con un diálogo desordenado, comenzó la construcción de mi identidad, de un gozo. ¿Qué le diría mi corazón a Jesús si tuviera la capacidad de expresarse?

- Si mi corazón hablara te diría que eres la vida que siempre he querido llevar.

- Si mi corazón hablara te diría que te amo tanto que la capacidad humana de amar no encuentra sentido en palabras.

- Si mi corazón hablara te diría que tu refugio en momentos tristes, difíciles y de tormenta, llena mi vida.

- Si mi corazón hablara te diría que eres la fortaleza que me protege de todo mal y me salva de mil peligros.

- Si mi corazón hablara te diría que no quiero despertar nunca de tu realidad, que eres más real que yo.

- Si mi corazón hablara te diría que te quiero alegrar y agradar todos los días y que tengas complacencia en mí.

- Si mi corazón hablara te diría que me haces jugar con la ternura de un padre original.

- Si mi corazón hablara te diría que eres mi alimento diario, que muero si paso un día sin ti.

- Si mi corazón hablara te diría que te quiero conocer más y más, y que tu presencia me acompañe siempre.

- Si mi corazón hablara te diría que tu sangre fue el regalo más precioso que he recibido, que no tiene precio.

- Si mi corazón hablara te diría que no entiendo tu amor, pero quiero seguir siendo amado.

- Si mi corazón hablara te diría que no te merezco, pero mi alma, mi vida, mi espíritu te anhela más que a nada.

- Si mi corazón hablara te diría que me entrego como una ofrenda de amor y te amo más por aceptarme en tu mesa.

- Si mi corazón hablara te diría que de Nazareth salió lo más bello del mundo, que no tienes comparación.

- Si mi corazón hablara te diría que eres mi esperanza, mi pronto auxilio, mi complemento.

- Si mi corazón hablara te diría que no quiero recibir nada que no provenga de ti.

- Si mi corazón hablara te diría que eres santo, poderoso, majestuoso y soy la niña de tu ojos, hijo del mejor padre.

- Si mi corazón hablara te diría que ya no tengo sed, porque por ti corren ríos de agua viva en mi ser.

- Si mi corazón hablara te diría que por ti no tengo condenación, ni hay verguenza en mi ser porque diste tu vida por mí.

- Si mi corazón hablara te diría que no puedo dar un paso en mi vida si no estás conmigo.

- Si mi corazón hablara te diría que toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que eres el Señor.

- Si mi corazón hablara te diría que eres, simplemente, lo mejor que he podido encontrar, que te amo.

Eres mi vida, mi mayor anhelo, en tí las palabras se definen por la inexpresividad. Tu amor es inefable y fallo en el intento de describir lo que siento por ti. Te amo mi Señor.

"Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8:12)".


domingo, 23 de septiembre de 2007

"Y conocereís la verdad y la verdad os hará libres" (Juan 8:32)


Muchos cuestionan la existencia, la magnificencia, la gracia y la misericordia de Dios pues, lamentablemente, basta con voltear la mirada y observar con angustia la maldad del mundo consumiéndonos en fuerza, en esperanza, en fe. ¿Cómo puede existir un Dios que "ama" al mundo cuando éste se encuentra tan destruido? o quizás, todo esto de un "dios amador" es demasiado bueno para ser cierto.

En la Biblia hay fuerte evidencia de que poseemos un conocimiento innato de Su voz, Su existencia. Sólo préstele atención un instante. Cuestiónese si es feliz. En Romanos 1:18, encontramos las intenciones de cierta gente que impide que se conozca la verdad. Dice: "Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad" o, talvez, Romanos 1:25 aclare lo que sucede justamente en nuestros tiempos, " Ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos". ¿Alguna afirmación le parece familiar? ¿o, talvez, lograron su cometido?

Pero, ¿acaso un libro (la Biblia) contiene la verdad absoluta? Déjeme responderle con otra pregunta, ¿en qué/quién más podemos confiar? Los hombres fallamos, todos, sin excepción, no necesito demostrar eso. En mi torpeza busqué consolación en los hombres y, naturalmente, no la encontré. No lo intenten, se decepcionarán como lo hice yo y seguramente, ya lo habrán hecho. Puedo afirmar que los hombres son imperfectos con otra afirmación: "No hay justo, ni aun uno. (Rom. 3:10)", obviamente, texto encontrado en la Biblia. El apóstol Pedro dijo: "Porque nunca la profecía (la Biblia) fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron inspirados por el Espíritu Santo. (2ª Pedro 1:21)". La Biblia es la palabra de Dios.

No hay por qué dudar del Señor del universo, antes de todo, debemos entregarnos a Él, de esa manera, podemos ser testigos de Su perdón y comprobar, ya no su existencia, sino lo grande de Su amor. Lean la Biblia.
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