Mostrando entradas con la etiqueta Confianza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Confianza. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de enero de 2008

Tan lejos...

boomp3.com

De pie me encontraba, aquel cuarto oscuro, cuando vi Tu luz que me hizo caer, rodar, llorar...
Tu gloria fue demasiado para mi vida, cambió mis pasos, cambió mi mente, cambió el rumbo de un simple mortal. Tus ojos me enamoraron y mis labios repitieron tus sublimes cantos, sin saber que pactaba mi vida cotigo.Ya no pudo ser igual, sólo... todo había cambiado.

Tormentas arrasaron, diluvios inundaron, llamas quemaron...
Al final de cada día, en tu nido de vuelta, veía que Tu poder sobrepasaba cualquier límite. Que Tu voz calmaba el desasosiego de la tormenta. Que Tu mano secaba la Tierra y la adornaba del hermoso arcoiris. Que Tu aliento hacía temblar al fuego consumidor que terminaba apagado. Papá, ¿cuánto más poder tienes? Sonreías.

Te amo, retumbaba los montes, iniciaba el crepúsculo. En pequeñas cosillas, insignificantes para cualquiera, me demostrabas increíbles milagros. Vimos gente sanada, mucha gente nueva bajo tu protección. Me mandabas recados, yo feliz, a Tu lado, los hacía. Juntos para siempre. Sabías cuánto te necesitaba, cuánto te anhelaba mi ser. Viniste a tatuarte en mi vida. Viniste a ser la mejor parte de mí. En sueños, incluso, te encontraba.

Es hora de aprender a volar.
Bueno, vamos pues.
Es hora de que lo hagas solo.
Me voy a caer si no vienes, vamos.
Estoy aquí, en la misma rama en que me conociste. Vamos, tú sabes que quiero llevarte a lugares altos. Para eso, necesito que estes adiestrado para llegar a otros montes. Yo puedo hacerlo, tú, para empezar necesitas agitar esas alas y llegar hasta esa otra ramita que está cerca.
Me da vergüenza caer, me da miedo ir sin ti. En el nido todo es mejor ¿no? No quiero hacerlo, no puedo hacerlo.

Inválido, pajarillo sobreprotegido, ya era hora. El entorno espectante, yo cobarde. De pronto, mi armadura ya no se desgastaba, no tenía excusa para buscar que la renovarás. De pronto, mis alas no evolucionaban, no podía obedecerte sin cuestionar como antes. De pronto, ya no quería mirarte, siempre te encontraba amoroso y, a pesar de todo, orgulloso y esperando. Indigno, esperé, temí, no actué, ni lo intenté.

Estabas a mi lado, pero te sentía tan lejos...
Recibías mi desesperado abrazo cuando corría hacia ti, pero Tu respuesta era siempre la misma: Levántate, vuela. Era un Mefi-boset que jamás conoció a David. Era un Jonás instalado en Tarsis. Era un Moisés muerto en Madián. Era un Pedro con la cuarta negación. Pero mi negación no era hacia otras personas, sino hacia mí mismo. Aquel día en que apagamos las llamas, yo vivía de Tu poder. Ahora lo negaba con mi desconfianza.

Sentado, viéndote esperándome, repase nuestras aventuras. En montes, en hogares, en calles. Todo lo hicimos juntos, y me prometiste que siempre sería así. No has roto tal promesa, me creaste para pelear. Y siempre estarás conmigo. Aquel Dios que me engreía, es el mismo que me reta. Aquel Dios que me sanó, es el mismo que me esfuerza. Aquel Dios que me entrenaba, es el mismo que me manda a la guerra. Aquel Dios que me salvó la vida, quiere que renuncie a ella y viva en Él.

Ya no me importa nada...
Acaso si resbalo al precipicio, ¿tu Mano no estará esperándome abajo? Acaso si mis enemigos se juntan contra mí, ¿tu Voz no los hará temblar de terror? Acaso si caigo enfermo, muerto en vida, ¿tu Sangre no podrá vencer cualquier iniquidad? Acaso si ataco a otras huestes en Tu nombre, ¿tu Espíritu no me dará la victoria? Acaso si en uno de mis intentos caigo y muero, ¿tu Eternidad no me hará el ser más feliz de la tierra?

"Pagaré lo que prometí... (Jonás 2:9)"

El pajarillo hoy a despertado, es un día radiante. Se asea y acicala. Corre de frente a su Padre, lo abraza, lo besa. Confío en Ti. Y antes de que cayera la primera lágrima, levanta la mirada hacia el azul firmamento, toma vuelo, corre aproximándose a la orilla de la rama y salta...

"Reedificarás las ruinas antiguas, levantarás los lugares devastados de antaño, y restaurarás las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones (Isaías 61:4)".

lunes, 17 de diciembre de 2007

Fortaleza

boomp3.com

Un encuentro con el Dios vivo es lo más maravilloso que existe. Crea en nosotros un gozo perfecto, verdadera paz, absoluta dependencia, seguridad, etc. y uno de los efectos más asombrosos, sobre todo si se está empezando a conocer de manera directa a Dios a través de la guía de Su Espíritu, es el cuidado y cariño insuperable de un Padre hacia su hijo favorito.

"Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios (1 Juan 3:1)".

Me parece que depende de uno creerse estas palabras; es decir, hermanos, si hemos recibido la adopción, por medio de Jesús, de hijos, pues por qué no aprovecharla. Sabemos que vivir en Cristo es por la fe. Entonces, hijo de Dios, cree, levántate y pelea. Dios es un Dios de Amor (1 Juan 4:10), la biblia lo repite muchas veces, además, una conexión genuina con Dios es una constante y eterna (de parte de Él) muestra de amor hacia nosotros, sus hijos. Dios es un Dios de iniciativas. Él viene hacia nosotros siempre que estemos dispuestos a recibir Su abrazo. Por lo menos, así es como me siento desde que me reencontré con mi Señor.

"No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo (Isaías 41:10)".

Los brazos del Señor son eternos, nosotros no; lamentablemente, le fallamos. Cuando mi decisión tomó forma de palabras, puedo recordar qué le dije al Señor: No importa lo que suceda, no voy a volver atrás. Resulta posible esa clase de promesa. No pecar resulta, simplemente, imposible. Pues no hay justo en la tierra. A la par, pude percibir que Dios sonreía y me decía: Esa promesa es mía. Yo te ayudaré. Jamás has estado solo y jamás lo estarás (Josue 1:9). Mi vivir en Cristo resultó muy difícil para entonces. Es decir, tanto tiempo alejado de Él causa una suerte de rutina. Una rutina de pecado. Pero esta vez, Dios mismo hizo el cambio. Y me lo confirma todos los días. Además, como me dijo amorosamente un gran amigo, por teléfono, al notarme apocado, mayor es el que está en ti, que el que está en el mundo. Y pues, definitivamente, en nuestras fuerzas poco o nada podemos hacer. Realmente, resulta absurdo intentarlo cuando la obra ya fue hecha en la cruz del calvario por Jesucristo, nuestro salvador. Todo se puede en Él.

"Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:13)".

Y esa bendita palabra: Fortaleza, crea en nosotros esperanza y victoria. En tiempos de pruebas, para animarme y restaurarme (la palabra de Dios tiene el poder para hacerlo) suelo recurrir a un salmo que, hasta ahora, considero favorito, en donde David, con hermosos versos, declara el poder, la majestuosidad, la fortaleza de Dios para con su vida. Es totalmente precioso encontrarte con el León rugiente que pelea tus batallas y, al mismo tiempo, con el Padre amoroso que te abraza delicadamente, en el salmo 27. Añadiré algunos versos que competen a lo que quiero expresar ahora, pues el Salmo, desmembrado, es todo un universo de promesas para los fieles en Jehová. Decláralo, el Señor está pendiente de ti.

(Salmos 27:1)
Jehová es mi luz y mi salvación;
¿de quién temeré?
Jehová es la fortaleza de mi vida;
¿de quién he de atemorizarme?

(Salmos 27:3)
Aunque un ejército acampe contra mí.
No temerá mi corazón;
aunque contra mí se levante guerra,
yo estaré confiado.

Si he logrado sobrevivir, en realidad por primera vez vivir, en esta lucha constante ha sido por Jehová, mi Dios. Gracias, Papá, por fortalecerme.
Planeta de Blogs Cristianos